Mady - Cuento

10:00


Hace un tiempo escribí este cuento y se quedó encerrado en un cajón imaginario. Haciendo arqueología de mis historias lo encontré y me pareció injusto que no fuese publicado. La primera vez que vio la luz fue en la web de Sinergia Escrita y ahora he decidido compartirlo en mi blog. Espero que lo disfruten y lo comenten.


Mady
Daniel Collazos Bermúdez

Era exuberante, erótica y sensual. Hasta su nombre me sonaba a sexo.
    La poseí una vez más, en una habitación que usaba de oficina. Al final del corredor de mi departamento. Alejado de la vida real.
    Ella gritaba sin hacer ruido. Yo imaginaba sus gemidos y suspiros que previamente había silenciado para que nadie la oyera. Se retorcía y apretaba sus enormes pechos. Sus nalgas vibraban en cada golpe que se daba.
    Me froté rápido y angustiado. Sus ojos deliraban, los míos se elevaban al cielo. Tensé cada músculo de mi cara. Terminamos. Ella y yo. Al mismo tiempo. Lo logré, como lo hacen los hombres de verdad. Pulsando una tecla en el ordenador congelé su sonrisa.
    Cogí el papel higiénico, limpie del piso y mi cuerpo las huellas de mi infidelidad. Así lo llamaba Dolores, mi pareja, al enterarse que los esposos de sus amigas hacían aquello que yo sabía ocultarle. Dolores no entendería mi relación con Madyson Ivy, la actriz porno, la única mujer que lograba bajarme los pantalones con solo mirarme.
    —¿Manuel? —dijo Dolores tras la puerta cerrada.
    —¿Si amor? — tiré al tacho de basura los papeles arrugados que albergaban mi pasión y me acomodé la ropa, tratando verme presentable por si entraba a la habitación. El corazón me latía presuroso. Era una mezcla entre la agitación de lo que había vivido y la posibilidad de ser descubierto
    —¿A qué hora te vas a acostar?
    —Ya terminé —Mady me sonreía con complicidad—. Me daré una ducha y voy a la cama.
    Un poco de agua eliminaría el olor a lejía de mi semen. Tiraría la ropa interior al tacho de la ropa sucia. No debía quedar una sola señal. Quería evitar explicaciones y una discusión que no podría ganar. Me sentía como un criminal y por una parte, me gustaba. El riesgo hacía más entretenidas mis aventuras con Mady.
    —¿Me traes un vaso con agua antes de ducharte? —preguntó Dolores al otro lado de la puerta.
    —Sí —me tardé en responderá al mirar que todo en la habitación estuviera en orden.
    —¿Amor?
    —¡Sí! ¡Ya lo llevo!
    Me acerqué a Mady. Observé su bella sonrisa. Esa noche, como otras, imaginaría compartir mi cama con su cuerpo desnudo. Ella me abrazaría, me envolvería con sus piernas entre las sábanas arrugadas. Quizá, antes de dormir, me hablaría sobre qué traje me gustaría que use al día siguiente. El de enfermera, colegiala o el que más me encantaba: el de azafata de avión.
    Amaba a Mady. Había hecho algo especial por mí durante aquellos meses. Me ayudaba a sobrevivir las noches en las que Dolores no quería tener sexo. Por eso me volví fiel a Mady.
    —¿Manuel? —Dolores abrió la puerta. Me sorprendió vistiendo un sugerente camisón—. ¿Por qué demoras tanto? —preguntó coqueta. Afortunadamente ya me encontraba vestido.
    —Nada, amor —cerré la laptop.
    —Ven a la cama. Tengo ganas —dijo gimiendo, mientras sonreía.
    El destino y la naturaleza me jugaron chueco esa noche en la que, por algún motivo que no puedo entender hasta ahora, a Dolores se le ocurrió tener sexo conmigo después de meses. Mi problema era que ya no tenía nada que ofrecerle.
    Horas más tarde, desnudo en la cama junto a Dolores, intenté abrazarla, convencerla de que aún me parecía atractiva. Le dije que ella no tenía la culpa de mi flacidez. Le eché la culpa al vicio del tabaco. No me creyó. Sintiéndome mal por ella, le confesé lo mío con Mady. Hasta el día de hoy me vigila cuando estoy en el ordenador, me señala como un asqueroso, me amenaza con contárselo a todo mi entorno y dice que nunca perdonará mi infidelidad.


Gracias por pasar por aquí. Te espero en el siguiente post. 

Hasta la próxima.
Daniel Collazos Bermúdez

Instagram: danielcollazosb

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