El poder de la adivina - Cuento

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El 30 de octubre de 2020 terminé de escribir este cuento. Hoy me entero que en pocos días, el periodista Carlos Paredes publicará el libro "El perfil del lagarto", donde desliza la posibilidad de que el expresidente Martín Vizcarra, tuvo un asesor dedicado a las ciencias ocultas. Mi cuento parece exigir que alguien lo lea.


El poder de la adivina
Daniel Collazos Bermúdez

        No anticipé que alguna vez hablarían sobre mí en un programa político. Esa noche me quedé congelada, sosteniendo mi taza de café  en el sofá de mi sala, iluminada únicamente por el resplandor del televisor. En una mitad de la pantalla aparecieron vídeos de archivo de distintos programas de farándula en los que me encontraba leyendo el tarot. En la otra, estaba la foto del presidente del Perú. El audio que acompañaba las imágenes era un fragmento de una conversación telefónica que tuvimos hace unas semanas. Él me preguntaba si debía aceptar un acuerdo con el gobierno chino. Yo respondía que lo consultaría con el tarot.

        Dejé de ver la televisión, cuando mi teléfono celular timbró sobre la mesa. El susto casi me hizo soltar la taza. Preferí dejarla sobre la mesa. Revisé la pantalla de mi teléfono y vi que era el presidente, quien me llamaba desde su número privado. No quise contestar hasta terminar de ver lo que presentaba aquel programa. 

    Un periodista apareció sentado frente a su mesa de conducción, acompañado del congresista Orbegoso.

        —¿Cuál es su análisis luego de oír este revelador audio? —preguntó el periodista frunciendo el ceño, cruzándose de brazos, mientras se reclinaba en su silla.

—¡Esto es lo más bochornoso que ha ocurrido en nuestros doscientos años de historia republicana! —dijo alterado—. Es inconcebible que las decisiones del país sean consultadas a una... —hizo una pausa, balbuceó y continuó— ...una... ¡Adivina!

        Subí el volumen del televisor y corrí hasta la cocina. Busqué un paquete de Marlboros que guardaba en los cajones del repostero. Yo era fumadora social, pero en este caso, necesitaba algo que me ayudara a soportar la situación. Tomé los fósforos que usaba para encender la cocina y regresé fumando a la sala.

—¿Qué es esto? —El congresista Orbegoso entrecerró los ojos para anticipar la ironía de sus palabras—. ¿La Edad Media? Mi bancada presentará una moción de vacancia presidencial por incapacidad moral —dijo levantando la voz y golpeando la mesa con su dedo índice.

        Sin darme cuenta, me perdí en las imágenes del televisor y recordé, cuando, meses atrás, recibí la llamada telefónica de la congresista García. En ese entonces, pensé que era lo más extraño que me podría pasar. Jamás había hablado con un político y mucho menos pensaba que estarían interesados en mis servicios de quiromancia y cartomancia. Le di a García una tarifa mayor a la que acostumbraba —necesitaba recuperarme de la crisis que había ocasionado la pandemia del Covid a mi negocio—. García aceptó el precio y pactamos una cita para el día siguiente en su casa.

        Me preparé antes de ir a casa de la congresista García. Investigué sobre su vida, navegando por internet. En YouTube vi grabaciones de entrevistas y reportajes que la hicieron distintos programas de televisión. Analicé su forma de hablar y de vestir. Sabiendo sus virtudes y defectos, sería fácil convencerla de que en sus manos estaba el poder de cambiar su destino y que yo tenía el conocimiento para guiarla por medio del tarot.

        Me reuní con García en la oficina de su casa. Sentadas alrededor de su escritorio, ocurrieron varias cosas que no pude predecir. Una de ellas fue ver al presidente del Perú acompañándonos. Su presencia me pareció sobrenatural y me dejó muda. No pude insultarlo, como había prometido cientos de veces que tenía problemas económicos y me encontraba con su rostro en la televisión. Fue imposible hacerlo, al saber que él sería mi cliente. 

        Sentí nervios, porque no me había preparado para eso. Logré superarlo, cuando escuché al presidente decir que admiraba mi trabajo. Dijo recordar que en 2017 predije en un programa de televisión que el equipo peruano de fútbol clasificaría al mundial de Brasil 2018, cosa que nunca dije. Mis palabras exactas en esa entrevista fueron: “El fútbol peruano nos traerá muchas alegrías”. O la vez que anuncié que el Covid 19 llegaría al Perú, esto sí ocurrió. No lo consulté al tarot. Solo me basé en unos vídeos que vi en YouTube en febrero de 2020. En ellos un periodista español advertía que la enfermedad podría expandirse a todo el mundo.

        Una vez que el presidente dejó de halagar mi trabajo, dijo que me explicaría cuál era su consulta. Me preocupé. No me había preparado para atenderlo. Sin embargo, reuní valor, saqué de mi bolso el tarot y lo puse en la mesa. El presidente lo ignoró. Tomó un Ipad que había sobre la mesa, lo prendió y me lo entregó. En la pantalla vi la fotografía de una amarillenta página de un libro. Leí el escrito a mano de la página cuatro.

Opus pulcherrimuz chiromantie cum multis additiôbus noviter impressuz

        Miré al presidente sin entender qué sucedía. Él se puso de pie, señaló el libro y movió su dedo invitándome a pasar la página. Seguí su indicación. Leí el título del libro en letras góticas: Opus pulcherrimuz chiromantie cum multis additiôbus noviter impressuz. Intrigada, seguí revisando el libro digitalizado, encontrándome con textos que parecían escritos en latín. De pronto, llegué a un dibujo a página completa de la palma de una mano. Tenía unas anotaciones encima. Se trataba de un libro de quiromancia.

   —Quiero que lo estudie y que luego me lea la mano —dijo el presidente, apoyándose sobre la mesa del escritorio—. Necesito anticiparme a los problemas que puedan suceder durante mi mandato. Ser el presidente del Bicentenario del Perú es una gran responsabilidad y no puedo permitirme cometer ni un solo error. 

—¿Es verdad que este libro era de San Martín? —pregunté intentando ganar tiempo. No sabía cómo actuar frente a lo que pasaba

        —Algunos estudiosos dicen que fue su libro de cabecera —intervino la congresista.

        —Si lo tuvo en su poder hasta 1822, no tengo duda de que fue crucial para alcanzar la independencia en 1821.

        Me quedé en silencio ante las palabras del presidente. Estaba sorprendida de que su fe en el misticismo fuera absoluta y la mía inexistente.

        —Usted no es la primera vidente consultada por un presidente en la historia del Perú —agregó la congresista—. Rosita Chung es la más conocida de la historia reciente. Trabajó para el expresidente Fujimori durante su mandato y es uno de los pocos casos que se han hecho públicos. Este tipo de asesoría requiere discreción y por eso también es muy bien remunerada.

        No tuve otra opción que aceptar el trabajo. Mis deudas generadas por la crisis económica lo necesitaban.

        En una segunda reunión con el presidente, ya en su casa, simulé leer la palma de su mano. Le hablé de su pasado —de acuerdo a todo lo que investigué previamente— e inventé hechos que podrían ocurrir en su futuro. Le dije que sería reconocido como el mejor presidente de la historia del Perú, solo si podía evitar un evento crítico en su gobierno. —Siempre es importante crear un fantasma que atormente a los clientes. Eso hace que sigan necesitando de las consultas—.

        Ante su mirada de asombro, enganché su fe diciendo que mi poder adivinatorio incrementaba gracias a mis estudios del Opus pulcherrimuz —libro que nunca he leído, porque no sé latín, ni tengo intenciones de aprender—. Aquello lo entusiasmó y a partir de ese momento no dejó de llamarme para que consultara con el tarot, las decisiones que él debía tomar. En cada oportunidad le mentí diciendo que echaría las cartas, cuando en realidad estaba viendo la televisión, planchando mi ropa o haciendo los quehaceres de casa. Sin embargo, siempre me esforcé en contestarle con frases ambiguas, como: “El tarot dice que son tiempos para ser valiente”. Él hizo su parte. Se dedicó a interpretarlas según su parecer, por lo cual sé que no soy responsable de ningún error que cometió en su mandato.

—Congresista Orbegoso, permítame interrumpirle. Quisiera compartir con el público televidente y con usted, otra revelación sobre este escandaloso caso de interés nacional —dijo el periodista, apartándome del trance de mis recuerdos.

        —¿Hay más? —preguntó el congresista con indignación.

        —¿Sabe quién paga a la vidente del presidente? Señor director, ¿puede poner el documento en pantalla?

        Al revelarse que mi sueldo venía del estado, quise que la cartomancia fuera verdad. Con solo cinco Marlboros en la cajetilla y el cenicero lleno de colillas, temí por mi futuro.

        Mi teléfono celular volvió a sonar. Contesté sin mirar quién era. De pronto, escuché la voz del presidente preguntar ¿Está viendo las noticias? ¿Cómo salimos de este problema? Me quedé en silencio y pensé que no había nada que hacer. Las cartas ya estaban echadas.


Daniel Collazos Bermúdez

Instagram: danielcollazosb

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