CADÁVER EXQUISITO : OPCIÓN MÚLTIPLE

22:22


Bienvenido, querido lector. Lo que estás por leer es una historia de terror escrita por 11 escritores. Cada uno fue encargado de continuar una historia que inicié. Este Cadáver Exquisito (ver definición en Wikipedia) tuvo la particularidad de que nuestros lectores también participaban. Al final de cada fragmento, eran capaces de elegir entre tres opciones o caminos por donde avanzaría la historia. La respuesta más votada, era la misión encomendada a cada escritor.

Todo inició con este tuit de convocatoria:



A continuación, verás la pluma de cada una de estas talentosas personas. Te recomiendo que los busques en Twitter. Son gente talentosa que tienen mucho que contar.
No te retraso más en tu lectura, solo déjame darte una útil advertencia:


ATENCIÓN:
Historia para mayores de 18 años
Contiene escenas de violencia explicita. Se recomienda discreción.
Esta historia es una pieza creativa de narrativa y no una apología a la violencia, ni a los actos delictivos.





El neumático del coche se pinchó en la desolada autopista aquella noche. David estaba furioso por arrojar el repuesto en algún lugar del bosque. Hacerlo fue necesario para que en el maletero, entrara el cadáver del hombre que cenaría al llegar a casa.

David era un asesino, pero no un necrófago. Aquella idea lo había empezado a obsesionar desde que vio aquella película llamada Hannibal. Anthony Hopkins parecía disfrutar tanto comer a humanos, que le había causado curiosidad.

Por el espejo retrovisor vio que se aproximaban las luces de un auto que estaba a punto de detenerse. Podría ser la policía de carreteras o algún viajero. Sabía que debía bajar, pero no estaba seguro de qué hacer luego.



Bajó resoplando a la par que el New Beetle cobrizo se detenía en el arcén, justo detrás de su coche. A pesar de estar algo nervioso actuó con normalidad. Se puso en cuclillas palpando la rueda y movió la cabeza en forma de negación.

Mientras continuaba con su teatrillo, por el rabillo del ojo miraba disimuladamente. Había pasado un par de minutos y seguía ahí aparcado, nadie salió en su ayuda. Miró directamente, entrecerrando los parpados y colocándose una mano en forma de visera. La luces le cegaban.

Logró ver que tenía la ventanilla del conductor bajada.
— Disculpe ¿tiene recambio de rueda?— Se manifestó y la puerta del coche se abrió. Una mujer de mediana edad salió del interior, portaba una pistola en su mano y apuntaba hacia David. Éste levantó los brazos y sonrió macabro.



Apretó el gatillo con nerviosismo y el proyectil fue a dar justo en el neumático en buen estado.
–Señora, creo que me confunde con alguien –mintió. –Baje el arma, por favor.
–¡Ni hablar, asesino! –Volvió a disparar y atravesó el maletero, perforando el cuerpo de la víctima.
–Está bien, se acabó el juego. Tú solita te acabas de incriminar, así que dame las llaves de tu auto y nadie saldrá herido. Y no te molestes en disparar de nuevo, sé perfectamente que ese revólver solo contenía dos balas.



Al percatarse de esa cruel verdad, hizo lo único que podía, a esas alturas del juego. Lanzó el mejor golpe que pudo, con el mango del revólver, justo hacia la frente, tan duro como pudo con su delicada mano. Él cayó al suelo, mas no de la forma esperada.

A pesar de que su cabeza dio contra uno de los extremos del maletero, y aún teniendo la otra sien herida por el sordo golpe del revólver, no llegó ni siquiera a perder el conocimiento. Esto fue una suerte, ya que pudo arrastrarse hacia la puerta de atrás, para cerrarla justo cuando ella iba a revisar el origen de aquel raro fluido que empezaba a salir por el orificio de la última bala.- lo que hay que hacer por darse un pequeño gustito- musitó mientras la halaba de la pierna, haciéndola caer al suelo. Su cabeza sonó fuerte contra una gran piedra



David se cercioró de que la mujer estuviera inconsciente y con calma cambió a su víctima de automóvil. Dejó a la mujer inconsciente en el auto averiado, la amarró y aseguró puertas y ventanas. Luego se distanció varios metros, sacó su arma y disparó.

El auto hizo explosión ante sus ojos y se montó rápidamente al auto para huir de aquella escena del crimen. Se arriesgó más que de costumbre, pero le había parecido la única salida. Quería llegar pronto y probar un bocado de su nueva comida. Emprendió el camino y vio por el retrovisor el auto en llamas.

Pensó unos segundos y un pensamiento extraño cruzó su mente. Nunca había probado de esa carne asada o más bien quemada. Pero bien podía quitar la costra quemada y comer ¿o no? Tras pensarlo con más detenimiento.



Al llegar al sitio, había un hombre finalizando el apagado del vehículo con un extintor; David bajo del auto a preguntar que había sucedido, el hombre, —Javier, se llamaba— le explicó que pasaba por ahí y vio el auto en llamas; y lo que parece ser una persona al interior.

 Luego de un ligero intercambio de palabras más, David sabía lo que necesitaba; golpeó a Javier con el extintor, y le mató, tenía poco tiempo para dejar el lugar, ya había alertado del auto y los servicios llegarían pronto; acomodó el Beetle frente al su auto incendiado como si hubiera sido un accidente; puso el cuerpo de Javier y contemplo su obra: ahora debía ocuparse de la mujer y crío de Javier que dormían en el vehículo, pero ya escuchaba las sirenas tenía que hacer algo pronto, había 3 cadáveres y muy poco espacio para explicaciones, así que:



Tomó lo que parecía la decisión más loca. Sin duda la adrenalina gobernaba su razón, sus emociones. Apenas con algo de tiempo se metió al auto de Javier, donde su mujer, a causa de su enfermedad y medicamentos, dormía con su hijo ajena a cualquier suceso. 

Puso el auto en Drive, lo abordó, y lo dejó ir por el pequeño barranco de una alcantarilla cercana. Apenas tocaban fondo y comenzaron los gritos de histeria de la mujer y el llanto del niño pequeño. La tomó de la cabellera y golpeó su frente contra el tablero. Los SE ya estaban allí.

Los socorristas hacían ya maniobra sobre la carretera. Él salió por su propio pie del auto cuando vio que las luces les encontraron y gritó pidiendo ayuda por "su esposa e hijo". Se fingió en shock nervioso. Subió a una ambulancia y le retiraron del lugar mientras se atendía a los demás heridos.



El conductor encendió la sirenas. Tenía que llegar pronto al hospital. 
“Pobre”, pensó mientras lo veía. Era muy probable que su esposa y su hijo habían muerto y él se salvó de suerte. Por el espejo retrovisor, lo chequeaba. Estaba demasiado calmado para estar en shock.

Sus miradas se cruzaron. Y de repente el conductor se percató de la sangre en su ropa. Era raro porque estaba completamente seca. Le entro escalofríos. 
El nunca escondió su lado oscuro, estaba orgulloso de sus demonios. Otra vez intercambiaron miradas y el le guiño el ojo.

Incrustó en su cuello el catéter que había desconectado del otro paciente. Salto al asiento de adelante para poder dominar el trayecto del auto que ahora estaba tambaleando entre los dos carriles. En un último intento de sobreviviencia, el conductor logró llamar a emergencias.



La radio pidió confirmar el secuestro y ubicación. No hubo respuesta, David cortó la garganta del conductor con un bisturí que recogió del piso de la ambulancia. Detuvo el vehículo. Colocó el cadáver en la camilla. Se sentía con suerte, aún tenía un cuerpo del cual disponer. 

Manejó algunos minutos en silencio. No podía llegar a casa con una ambulancia, debía deshacerse de ella cuanto antes. Localizó un supermercado casi para llegar a la ciudad. Aparco en una calle lateral y cambio su ropa por un mono de SE. Ubico a una mujer sola en un auto grande.

Le fue fácil golpearla con la pistola y dejarla inconsciente. La arrojo al asiento trasero y se dirigió donde la ambulancia. Se detuvo para hacer el intercambio. Apareció la duda. Tenía a su disposición a un conductor de SE pero también a una mujer que emanaba un aroma delicioso.



Ahora se encontraba de pie entre la ambulancia y el coche que acababa de secuestrar tratando de decidir si ir a por el conductor de emergencias y meterlo junto con su nueva víctima o abandonarlo e irse solo con esta. Oyó el motor de un coche que circulaba por la calle aledaña y se dio cuenta de que la ciudad ya estaba despertando, arrancó el vehículo con la mujer y salió de allí con celeridad para llegar a su casa antes de que amaneciera.

Para evitar más testigos, tomó un carril alternativo vacío y de un solo sentido. Su pulso estaba más relajado y su nuca se golpeó contra el reposacabezas y sintió algo en su rostro que le impedía respirar. La mujer había despertado y lo intentaba asfixiar con una bolsa en la cabeza, David frenó a ciegas y forcejeó tratando de arrancar el plástico que se le clavaba en la cara.



David sentía que se asfixia y comienza a ver borroso. Entonces algo chocó contra el coche y salieron despedidos por el parabrisas. Sobre el asfalto estaban ambos mirándonos el uno a otro sin comprender muy bien como había llegado a esa situación. La mujer medio moribunda se arrastró a David que yacía inconsciente en el suelo lleno de sangre. Se sentía mareada y dolorida, pero el instinto de supervivencia actuó por ella. Debía irse antes de que la policía descubriera lo que había pasado. Miró al cielo y la oscuridad la engulló. 

La mujer aunque muy malherido se levanta. Jamás pensó que pudiera tener tanta fuerza de voluntad, pero a veces el ser humano es así. Y siguió caminando por la carretera hasta que vio un hospital. No sabía que pasaría a continuación, pero estaba feliz por haber sobrevivido.

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